Prueba inédita en Chile: Franco y Cariro estrujan el OLPC

Hicimos un experimento. Dos niños frente a frente usando el verde computador para la educación. Uno le enseñaba al otro.

 Intercambiaron videos, jugaron y aprendieron. Y sus pequeños dedos no reclamaron por el teclado enano. Esta es su experiencia.

Franco -un niño de 9 años, moreno, vivaz y que pasó a cuarto básico en la escuela Monte de Asís- tiene una joya en su casa.

Desde septiembre posee un “Laptop de 100 dólares”, el sobrenombre de este notebook que ideó Nicholas Negroponte, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Esta máquina es pieza esencial del proyecto “Un computador por niño” (OLPC, por sus siglas en inglés) y que pretende dotar a los estudiantes que viven en países en desarrollo de computadores y aplicaciones que les sirvan en su educación.

Franco está sentado en un lugar simbólico: una mesa en el Museo Interactivo Mirador (MIM). Allí espera que llegue su pupilo: Cariro, nuestro experto en videojuegos que tiene 8 años.

Franco intentará enseñarle el “ABC” del OLPC.

Se sientan, uno al lado del otro. “Yo soy Franco, yo Cariro”. Eso le basta a un niño para ser amigo.

Aprender y jugar

Comenzaron a explorar. Los computadores de Cariro y de Franco mostraban sus respectivas imágenes gracias a la cámara incluida que los mira.

Las máquinas ya se habían detectado y formado una red “Mesh”, conectándose a través de dos antenitas verdes que irradian señal Wi-Fi.

Para asombrar a Cariro, Franco le manda un clip de video que había grabado minutos antes. “Mira lo que te mandé”, dice. Cariro lo recibe y asombrado le contesta “Eres tú”.

A Franco le encanta el ajedrez así es que comenzó una partida. Cariro descubrió un “Memorize” matemático dónde tiene que juntar la operación aritmética con el resultado.

-”Yo soy bueno para esto”, se quiebra Cariro.

No fue necesario explicarle la operatoria, de inmediato supo usar el teclado chiquitito para los gordos dedos adultos, pero que no presentó problemas para ambos niños. Abajo, un panel táctil funciona como mouse. También se puede usar un mouse conectado al puerto USB, que da mayor facilidad de movimiento.

Franco se aprendió una melodía en el colegio y se la enseña a Cariro con el programa “TamTamMini”. Cada instrumento aparece gráficamente y el niño toca las notas con el teclado. También se pueden poner ritmos para acompañar el sonido.

-”Pon al marciano”, le decía Cariro. Pero Franco sabía que su melodía sonaba mejor con un clarinete.

Cariro se puso a jugar con “TamTamJam” que permite añadir pistas en un ambiente de trabajo y mezclarlas. Como la mesa que trajo Björk a Chile (guardando las proporciones).

Puso una base rítmica, un teclado y la voz de un niño, todo como iconos que se arrastran y se sueltan. Al principio no sonó, pero después descubrió que los instrumentos tenían que ponerse celestes para comenzar a emitir su sonido.

Ahora la cosa se pone más difícil. Usando “Squeak”, Franco le enseña a Cariro un complejo juego de instrucciones. El objetivo es que un autito llegue a la meta. Lo lograrán usando los comandos lógicos precisos, tal como se dan las instrucciones a los robots. Al principio es fácil porque es en línea recta, pero de a poco comienza a incrementar la dificultad con un camino cada vez más sinuoso. El juego les enseña el pensamiento lógico, resolución de problemas y un poco de programación.

La hora del ocio

A Franco lo que más le divierte son los juegos y navegar por internet. Y de a poco ha podido ganarle unas partidas de ajedrez a la máquina e incrementar su nivel.

Hay juegos que se usan con fines educativos como el “SimCity”. Disfrutaron una versión antigua y adaptada de este juego para construir ciudades y hacerlas progresar, o reconstruirlas luego de un terremoto.

Pero en el OLPC también se puede disfrutar de pasatiempos clásicos. Se sumergieron en una versión adaptada de Doom, llamado PrBoom que demuestra que el aparato se la puede con aplicaciones más grandes. No es la gran maravilla en gráfica, pero funciona. Por un buen rato Cariro y Franco se dedicaron a matar monstruos por doquier.

Finalmente Cariro da su veredicto: “me gustó la forma, los colores y que se convierta en una maleta al cerrarlo. Se demora un poco en iniciar y en abrir los programas, pero es fácil de usar y uno puede hasta jugar. También me gustó que se puedan compartir cosas con otros computadores. Yo le pongo un 6,2″.

Llegó la hora del adiós. “Chao amigo”, dicen los dos al unísono.

Intel se retiró

La participación de Intel en el proyecto OLPC duró menos que un fuego artificial. El viernes anunció su renuncia, luego de permanecer seis meses en esta alianza para la educación.

“OLPC pidió a Intel que dejara de respaldar plataformas que no fueran OLPC, incluida nuestra ClassMate, para concentrarnos en su proyecto en forma exclusiva”, dijo Mulloy. “A final de cuentas, resolvimos que no estamos dispuestos a satisfacer esa solicitud”, agregó.

Walter Bender, presidente de OLPC, señaló que la renuncia de Intel “no tendrá impacto en la operación del proyecto puesto que el fabricante de microprocesadores ha contribuido poco a la iniciativa”. Los analistas no opinan igual.

Papá chocho

Patricio Acevedo, profesor de Educación Física, desarrollador de software por afición y padre de Franco y dos pequeños más, es el que llevó el equipo a la casa.

El que tienen es uno de los cuatro que rondan en Chile.

Patricio se ganó ese privilegio al presentar un proyecto al Developers Program. Consistía en medir distancias usando imágenes sacadas de Google Maps. En septiembre recibió un paquete en su casa: era el verde laptop para niño. A los gringos les había gustado su idea.

Página oficial:
www.laptop.org
Campaña un computador por niño:
www.ucpn.cl