El beso de judas (parte III y final)

 

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Lea la parte II 

Seguimos jugando unos cinco minutos hasta que decidimos ir a ver a Cariro. Estaba amurrado, con los brazos cruzados en el pecho, el puchero casi en el suelo y las ceja izquierda y derecha juntándose al medio de la frente.

-Cariro, no puedes hacer eso-, le dije.

DÉJAME EN PASSSH, grito.

“No vas a jugar más”, le advertí. “No es posible que te enojes por perder, eso no es de macho”, lo increpé.

“Osea que cuando juegues fútbol y tu equipo pierda vas a correr a llorarle al arbitro; o cuando juegues al cachipún con tus amigos y pierdas vas a ir llorando a acusarlo al profesor”.

Me miró feo.

“Te quedas aquí y no sales hasta que te disculpes y reconozca tu error”.

Ahí Cariro no aguantó más y estalló en llanto.

La mala cueva del destino hizo que, en el justo instante en que el alarido de Cariro se hacía más agudo, sonará el timbre.

Con Manolo nos quedamos mirando, estupefactos.

Sonó de nuevo el timbre. Era la Marce.

En la escalera se sentían sus zapatos taco bajo. Tocó la puerta del depto. y lo primero que dijo fue: “Que le hicieron a mi niñito, desde abajo se escuchan sus gritos”.

-Nada, poh , respondí. “¿Qué le vamos a hacer?, si este cabro llora por todo.

El Manolo miraba no más.

Ahí se consumó la traición.

Cariro salió rápido, secándose las lagrimas y moquilleando. Se acurrucó en el regazo de su madre. Y con voz entrecortada, sentencia su venganza.

MAMITA, (hipo de llanto), ELLOShhh ME OBLIGARON A JUGAR JUEGOS VIOLENTOS.

Nos miró de reojo y esbozó una risita. Luego, lloró con más fuerza.