El beso de Judas (Parte II)

– Cariro vamos a jugar un jueguito que tiene algo de violencia- le dijo como si fuera un profesor Manolo. Eso no pasa en la vida real. Cuando pelean en la tele hacen como que se pegan, pero en realidad están actuando, decía Manolo, mientras su voz se iba poniendo más aguda, quizás más maternal.

– Pero yo los vi la otra vez cuando ustedes me llevaron a los juegos-. Cariro se acordaba de esa feria que hubo en el Espacio Riesco, la Expo Game, donde no iba nadie, pero nosotros la pasamos de lujo. Y, claro, en el evento había un ring con luchadores chilenos y trasandinos dándose como bombo apache.

– Eso que tu viste era actuación, le dije. Ellos son amigos, trabajan juntos, como yo con el Richard. Ese es su trabajo, hacer como que pelean, pero en realidad solo se dan vueltas carnero.

Cariro no quedó muy convencido. Sobretodo porque lo que más le gustó de la ExpoGame fueron las peleas. Si se le salían los ojos y nos miraba con cara de “esto no puede estar pasando”. Con estas palabras, su tarde de gozo no pasaba a hacer más que una buena actuación.

Conociendo la realidad, solo quedó la advertencia final.

PERO NO LE DIGAS NADA A TU MAMI CUANDO LLEGUÉ.

¡Trato hecho!, le dije.

¡Trato hecho! respondió, sellando el acuerdo con el tradicional “saludo Ibarra”.

Rapidamente tomamos nuestros controles y comenzó la acción electrónica.

La elección de los contrincantes fue un tanto problématica. El primer match Manolo jugó con un jugador de una categoría inferior a la mía, y le saque cresta y media.

Cambió de jugador y le volví a sacar la cresta. Era invencible.

El turno de Cariro. Seleccionó un jugador del mismo porte y tamaño y comenzó la lucha. Lo masacré. El icono donde muestra el estado del jugador estaba rojo entero, en la cara, en el torso, en las piernas. No alcanzaba a pararse cuando ya lo tenía en el suelo, aplicándole una llave dolorosa.

En la revancha, la paliza se repitió. Mi socio Cariro hervía. Con cada patada en el hocico, yo veía como Cariro iba poniéndose cada vez más rojo.

Hasta que su ira bajó por su brazo. Agarró el control y lo tiró lejos.

Yo y Manolo nos quedamos mirando como diciendo “Que chucha le pasó a este niñito”

No conforme con eso Cariro se fue a su pieza, pegó el portazo y gritó “Déjenme en pashhhh”.